El espectáculo emula la tendencia provocativa y transgresora de los primeros cabarets.
Una metáfora del espíritu contestatario y festivo ante la soledad y la frustración, que redunda en una propuesta sórdida e irreverente pero intensamente emocional.
En torno a un concierto del ensamble de cámara se va tejiendo un melodrama oscuro que discurre en el espíritu trágico de los poetas malditos.
Citas de diversos poetas (Baudelaire y Verlaine entre otros) enmarcan a los personajes, quienes discurren como fantasmas anacrónicos que redundan en el cliché de la eterna tragedia amorosa.
El repertorio musical, deliberadamente discordante, nos remite al arquetipo “enamoramiento – desengaño” trascendiendo estilos y épocas. Canciones de Rhythm & blues se alternan con rancheras o tango nuevo como un homenaje a las diferentes encarnaciones del fenómeno cabaretero.